El paisaje hecho enoturismo: la Ruta del Vino de Rueda dibuja el gran mapa del viñedo singular español
Hay territorios que se explican a través de sus monumentos, otros por su gastronomía, y después están aquellos cuya verdadera identidad nace de la tierra. De las cepas viejas que resisten el tiempo, de los caminos polvorientos entre majuelos y de un paisaje que lleva siglos escribiendo la historia de quienes lo habitan. La Ruta del Vino de Rueda ha decidido convertir esa memoria viva en un relato de futuro.
A través del proyecto Atlas de paisajes y viñedos históricos y únicos, el territorio da un paso pionero en España hacia una nueva forma de entender el paisaje vitivinícola. No solo como escenario agrícola o paisaje turístico, sino como patrimonio cultural y ambiental. Una cartografía del vino que pone el foco en la autenticidad del territorio y en la singularidad de sus viñedos centenarios. El citado proyecto, impulsado por la Ruta del Vino de Rueda dentro de su Plan de Sostenibilidad Turística en Destino, permitirá identificar, estudiar y divulgar algunos de los enclaves vitivinícolas más representativos y valiosos de Valladolid y Ávila.
La iniciativa se ha desarrollado en dos fases. En la primera de ellas se ha realizado un proceso participativo con ayuntamientos del Consorcio de la Ruta del Vino de Rueda, viticultores, bodegueros, profesionales del sector turístico y población local. A través de este trabajo conjunto se definieron los criterios de selección de los viñedos candidatos, atendiendo a valores ecológicos, históricos, culturales, paisajísticos, turísticos y de integración territorial.
31 viñedos históricos y singulares
En total, el proceso permitió realizar 70 visitas técnicas con la validación de 54 viñedos, de los cuales 31 han sido seleccionados para formar parte de este proyecto piloto. La evaluación ha sido desarrollada por un equipo de geógrafos, expertos en viticultura y especialistas en desarrollo turístico. Los aspectos y cualidades que se han tenido en cuanta para la selección de los viñedos más singulares de la provincia son patrimoniales, culturales, ecológicos, turísticos y de resiliencia climática.
Los viñedos seleccionados en esta primera fase del proyecto se localizan en los municipios vallisoletanos de Alcazarén, Bobadilla del Campo, Carpio, Castronuño, Fresno el Viejo, Hornillos de Eresma, La Seca, Matapozuelos, Medina del Campo, Mojados, Nava del Rey, Olmedo, Pozaldez, Rueda, Serrada, Tordesillas, Valdestillas, Ventosa de la Cuesta, Villanueva de Duero y Villaverde de Medina; así como la localidad abulense de Madrigal de las Altas Torres.
El paisaje como nueva experiencia turística
Así, a través de esta red provincial de viñedos, la Ruta del Vino de Rueda podrá explicar el territorio desde el paisaje y desde el origen del vino, reforzando el vínculo entre viñedo, patrimonio, sostenibilidad y experiencia turística. Asimismo, el enoturismo está demandando estar más conectado con la autenticidad del territorio y con la cultura vitivinícola, y es por ello que desde la Ruta han apostado por convertir el paisaje en una auténtica experiencia turística.
Durante años, el enoturismo se ha centrado fundamentalmente en la experiencia de bodega con visitas, catas, gastronomía y arquitectura contemporánea que definieron buena parte de la oferta turística. Ahora, la Ruta del Vino de Rueda quiere ampliar esa mirada y desplazar el protagonismo hacia el origen, el viñedo. Por ello, el proyecto Atlas permitirá interpretar el territorio a través de sus viñas históricas, algunas de ellas prefiloxéricas, otras ligadas a modelos tradicionales de cultivo o ubicadas en enclaves paisajísticos y ecológicos.
Un mapa inédito del viñedo tradicional
Cada viñedo contará además con una ficha técnica individualizada que permitirá no solo documentar su singularidad, sino también compararlo y contextualizarlo dentro del conjunto territorial. El resultado será una radiografía inédita del paisaje vitivinícola tradicional de Rueda. El proyecto contempla el desarrollo de un Atlas interpretativo digital que permitirá descubrir estos espacios mediante geolocalización, contenidos audiovisuales, códigos QR, señalética integrada y recursos interactivos.
La intención es que el visitante pueda recorrer el territorio entendiendo qué hace único a cada viñedo, es decir, su historia, su biodiversidad, sus técnicas de cultivo o el paisaje que lo rodea. La apuesta del proyecto ya no gira únicamente alrededor del vino como producto, sino del territorio como experiencia, conectando directamente con las nuevas tendencias del turismo para aquellos viajeros que buscan autenticidad, naturaleza y contacto con la cultura local.
Una experiencia con los cinco sentidos
Una experiencia real organizada por la Ruta del Vino de Rueda permitió a Valladolid Plural y al grupo Imediacyl descubrir sobre el terreno algunos de los paisajes vitivinícolas más singulares. Este viaje despertó los cinco sentidos a los asistentes atendiendo al origen y evolución del vino. Una de las paradas más especiales tuvo lugar en las Bodegas Garciarévalo, en Matapozuelos, donde se recorrió el emblemático viñedo arenoso, considerado uno de los más característicos y únicos de la provincia de Valladolid.
Sus suelos arenosos, extremadamente pobres en materia orgánica y con escasos recursos hídricos, generan unas condiciones excepcionales para la vid, con uvas pequeñas, de enorme concentración aromática y con un equilibrio perfecto entre grado y acidez. Además, su ubicación entre dos ríos crea un microclima privilegiado, con temperaturas entre tres y cuatro grados inferiores al resto del término municipal, favoreciendo una gran amplitud térmica entre el día y la noche. Además, durante la visita se pudo catar algunos de los vinos más reconocidos de la bodega, así como exclusivas ediciones como Harenna.
La jornada continuó por Bodegas Emina, perteneciente al grupo Matarromera, que se caracteriza por sus viñedos de canto rodado, ideales para la variedad verdejo. La visita se completó con un tour por las instalaciones y una completa cata de sus vinos más conocidos y sus espumosos. La almazara de Oliduero fue la última parada del viaje para descubrir cómo se elabora el exclusivo aceite vallisoletano que recientemente ha alcanzado repercusión internacional por ser uno de los ingredientes principales de la tortilla de patata más cara del mundo, valorada en más de 2.000 euros.
