El Palacio Pimentel acoge 'La voz humana', la propuesta multidisciplinar de Nacho Hernández sobre la vulnerabilidad
La Sala de Exposición del Palacio Pimentel acoge una nueva exposición hasta el próximo 3 de mayo de la mano de 'La voz Humana' del artista Nacho Hernández. La muestra parte también de una reflexión sobre la vulnerabilidad humana y sobre esa voz común que atraviesa nuestras experiencias. En este sentido, el proyecto toma como punto de partida el texto 'La voz humana' de Jean Cocteau, entendido por el artista como un relato universal sobre el abandono y la fragilidad emocional.
A partir de esta idea, Hernández construye un conjunto de trabajos donde la fotografía, la pintura y la acción escénica se entrelazan, trasladando al espacio expositivo un proceso creativo en el que el cuerpo, el movimiento y la imagen generan nuevas formas pictóricas. Nacido en León, pero criado en Valladolid, Nacho Hernández se formó en la Facultad de Bellas Artes de Salamanca, donde se especializó en pintura. Ha desarrollado una trayectoria marcada por la experimentación y el cruce de lenguajes. A lo largo de su carrera ha expuesto en diversas galerías nacionales y europeas, y donde destaca proyectos de carácter multidisciplinar en los que la acción y la pintura se entrelazan para culminar en instalaciones creadas a partir del propio proceso.
Entre estos trabajos, subrayan un proyecto aprobado por el Centro de Arte Contemporáneo TPK de L´Hospitalet, donde se presentó su primera vez en público dos de sus acciones y pinturas. Su propuesta más reciente en esta línea tuvo lugar en la Black Room de Alcobendas con el proyecto 'Matar a Yerma', una acción-pintura complementada con fotografías y pintura, inspirada en la obra de Federico García Lorca. El trabajo de Hernández se mueve entre el expresionismo abstracto y la figuración, tanto en pintura como en fotografía. Le atrae todo lo analítico y académico del dibujo, pero su gran empeño es fusionar esa base con el expresionismo, aunque siente que todavía no ha llegado del todo a esa mezcla ideal, pero vive su proceso como una investigación constante en la que, poco a poco, nota que se va acercando.
Sus referencias son el cine mudo, la danza Butoh, el expresionismo alemán, y de forma muy marcada en sus acciones/pinturas, el accionismo vienés, del que le interesa especialmente el caos y el desorden que se generan. El artista protagonista insiste en que no es actor ni pretende serlo. Utiliza su cuerpo durante la acción como una herramienta más, un medio para producir infinitas posibilidades pictóricas mientras interactúa con las telas escenográficas. Para él, todo se resume en una relación directa entre cuerpo, modelo y pintura.