Suelo para terrazas y jardines

¿Por qué la tarima de madera es la reina en terrazas y jardines?

Tarima en terrazas y jardines
Un experto explica qué tipo de tarima elegir según el uso, qué errores evitar en la instalación y cómo mantener la madera para que dure durante décadas

Hay una hora concreta del verano en la que la casa se vacía por dentro y se llena por fuera. Cae la tarde, baja un poco el calor y la vida se traslada a la terraza, al porche o a ese rincón del jardín donde caben una mesa y unas sillas. Se cena al aire libre, se alarga la sobremesa, los niños andan descalzos. Durante unos meses, el mejor salón de la casa está fuera.

Para que ese espacio invite de verdad a quedarse hace falta algo más que buena compañía. La temperatura, la sombra, los muebles y, muy especialmente, el suelo que se pisa marcan la diferencia entre un rincón al que se sale un rato y otro en el que se quiere pasar la tarde entera. En este sentido, la madera en terrazas y jardines aporta una calidez que pocos materiales igualan, tanto a la vista como al tacto, y tiene la virtud de transformar un espacio anodino en un lugar acogedor casi sin esfuerzo.

Acertar con esa madera no siempre es tan fácil como parece, y para ello contamos con la opinión de Héctor Ibáñez, al frente de la empresa especializada en madera para exterior Hortum.es. Así que si estás pensando en darle un nuevo aire a tu jardín o terraza, quédate leyendo hasta el final.

Un suelo que transforma los espacios exteriores

"La gente busca un sitio donde estar a gusto, y la madera tiene mucho que ver con eso", cuenta Héctor. "No se calienta en exceso al sol, es agradable de pisar incluso en pleno agosto y crea un ambiente que conecta con lo natural. Una terraza con suelo de madera se vive distinto, invita a descalzarse y a quedarse." Es la diferencia, dice, entre amueblar un exterior y hacerlo habitable.

La madera no es la única respuesta, y conviene reconocerlo. El hormigón pulido, el gres o la piedra siguen siendo opciones válidas y, a menudo, más sencillas de mantener. Lo que rara vez ofrecen es ese confort, porque acumulan calor, resultan duros bajo los pies y no transmiten la misma sensación de hogar. La duda de verdad llega después, cuando uno ya ha decidido que quiere madera y se pregunta cuál. Y ahí Héctor recomienda empezar por una pregunta que casi nadie se hace, que es cómo y dónde va a vivir esa tarima. "No es lo mismo una terraza cubierta en un ático que un suelo a ras de jardín, tocando la tierra, o el borde de una piscina", explica. 

"Las maderas se ordenan por clase de uso. Las de clase 4, como el cumarú, el ipe o el tali, aguantan el contacto directo con el suelo y con el agua. Una clase 3, como la garapa, va perfecta en una terraza elevada y ventilada, pero yo no la pondría tocando tierra. Acertar con esto ahorra muchos disgustos." Para el borde de una piscina añade un consejo práctico, y es elegir lamas ranuradas, con relieve, porque agarran mejor el pie mojado y evitan resbalones.

Lamas, losetas y materiales: qué opción conviene más

La siguiente decisión es el formato, y condiciona tanto el resultado como la obra. Las lamas, las tablas largas, dan ese aspecto de suelo continuo que la mayoría tiene en mente, pero piden una estructura de rastreles por debajo. Las baldosas o losetas cuadradas son la salida para quien no puede o no quiere hacer obra. "Para un balcón pequeño, o para quien vive de alquiler y no quiere liarse, las losetas son una bendición", dice Héctor. "Se colocan sobre el suelo que ya hay, se pueden levantar si te mudas y en una tarde tienes la terraza cambiada."

En cuanto al material, el abanico va del pino tratado en autoclave, la opción más económica y pensada para presupuestos ajustados aunque pide algo más de mantenimiento, hasta las maderas tropicales como el cumarú, la garapa, el ipe o el bankirai, mucho más densas y con décadas de vida por delante. A medio camino están los compuestos de madera y plástico, las llamadas tecnológicas o WPC, que imitan el aspecto natural y apenas necesitan cuidados. "Cada una tiene su sitio", resume. "Una tropical bien instalada dura décadas porque su propia densidad la protege de hongos, insectos y humedad sin necesidad de químicos. Pero es un material vivo y se comporta como tal."

Ese carácter vivo es lo que más sorprende a quien estrena terraza. La madera natural se mueve, se dilata y se contrae con la humedad y el calor, y con el tiempo cambia de color. "Todas las maderas tropicales terminan adquiriendo un tono grisáceo por la acción del sol y la lluvia. No es un defecto, es envejecimiento natural y no afecta a sus propiedades", aclara. "Quien quiera conservar el color original tiene que asumir que una vez al año toca aplicar un aceite o un protector. Y quien no quiera ni eso, que sepa que la madera se va a poner gris piedra y que también tiene su encanto". 

El paso clave para que una tarima dure años

Algo a lo que hay que prestar mucha atención es en la instalación, porque es ahí donde se decide si una tarima dura años o da problemas el primer invierno. "Una tarima que acumula agua está condenada", advierte, y desgrana varias pautas concretas. La estructura debe quedar con una ligera pendiente, en torno al uno y medio por ciento, para que el agua escurra y no se embalse. Los rastreles que sostienen las tablas se colocan más juntos cuanto más fina es la lama, de modo que para un grosor de 19 milímetros conviene separarlos unos 40 centímetros, y hasta 50 si la tabla es de 25. 

Entre tabla y tabla hay que dejar cuatro o cinco milímetros de holgura para que la madera respire y se mueva sin levantarse, y por debajo tiene que correr el aire para que todo ventile. "Y algo que casi nadie sabe, la madera hay que dejarla aclimatar un par de días en el lugar donde se va a instalar antes de fijarla, porque si no luego trabaja y se descuadra", añade. Sobre el acabado, recuerda que existen sistemas de fijación oculta que esconden los tornillos en el lateral de la lama, así la superficie queda limpia y sin cabezas a la vista.

Mantenimiento y sostenibilidad

El mantenimiento, frente a lo que muchos temen, es de los más sencillos. Agua y un jabón neutro de vez en cuando para retirar hojas y suciedad, y una mano de aceite o protector cada temporada si se quiere conservar el color. Poco más. Lo que de verdad no perdona, insiste, son los errores de la colocación, que ningún aceite del mundo arregla después.

Hay un detalle final que conviene mirar antes de comprar, y es de dónde viene la madera. La certificación FSC garantiza que procede de bosques gestionados de forma responsable, y se ha convertido en un argumento de peso para quien quiere un material natural sin renunciar a la sostenibilidad. "El cliente pregunta por esto mucho más que hace cinco años", confirma Héctor. "Y me parece una buena noticia".

Al final, acertar con el suelo de un exterior depende de cosas tan concretas como el clima de la zona, el uso que se le vaya a dar, la cercanía de una piscina o el presupuesto. No hay un suelo mejor que otro en abstracto. "Lo importante es imaginar cómo se va a vivir ese espacio y elegir pensando en eso", resume Héctor.